jueves, 5 de agosto de 2010

OLORES Y SABORES

Un paseo por Los Altos


Los Altos es uno de esos sitios que uno no quisiera olvidar. Uno camina por una larga trocha de granzón trillada por el paso del tiempo y la gente. Se encuentra con un sitio en un alto, -de allí su nombre-, pero es más que eso, es un sitio lleno de magia, bien porque tiene un tiempo tan yermo que su tierra cruje cuando uno camina por los terronales o bien deja que la planta del pie se sumerja suavente y a veces da la sensación de quererlo atrapar.

En verano, que aquí se llama la estación seca, casi toda su flora pequeña pierde las hojas y quedan los arbustos espinosos desnudos a la espera de alguna gota de rocío. Y en invierno, que de verdad son inviernos, todos los arboles se visten y es impresionante la policromía de colores que la naturaleza forma. Es impresionante ver los Apamates, Cedros, Robles, Cujíes, vestidos para la vida

Hay una casa, de bahareque, madera y techo de zinc, sus puertas de madera con una pequeña aldaba que detiene la mirada del extraño. Parece un rectángulo, en uno de sus extremos las piezas se distinguen entre las de las mujeres de la casa y en el otro las piezas de los muchachos. El olor del barro y la madera mezclados con la vitalidad de la gente le dan una intimidad muy personal. No hay un solo rincón que no esté impregnado de olores, de sabores, de risas, de llantos, de recuerdos, de sueños, de soñar despierto, de conversaciones, de chanzas y de oír cada cuento, de oír cada vida.

En otro lado, pero muy cerca, desde un chinchorro se puede ver la cocina, realmente es un fogón, con sus paredes de barro, techo de palma, una pequeña troja, un gran mesón de barro y dos juegos de topias. Si alguien busca el fuego eterno, aquí lo encontrará, nunca se apaga y siempre es el rincón más cálido de Los Altos, no por el fuego, sino por las cosas que allí suceden. Sobre el budare gira la vida de los fogones en el llano. No hay invento de tal magnificencia por su simplicidad y que de tanta buenaventuras como el budare, por allí pasan las arepas, tan redondas y esponjosas que nunca dejan de acompañar, bien sea en la mañana o al mediodía una buena comida llanera

En el corral vacas y becerros, en la troja maíz y frijol, en la majada, topocho y yuca, en el patio gallinas y pollos. Una mirada de lejos lo que deja es vida, la vida intima de la tierra y su gente. Ese ir y venir

Amor a la tierra y su gente


Es una tierra hecha para los amores. Si, para los amores de la tierra. Uno se enamora de ella y de su gente. He quedado muy impresionado no tanto por la imagen que permite recrear situaciones muy particulares, sino por lo poderoso que resulta estimular en otros la reconstrucción de su pequeña historia Es decir aquellas pequeñas cosas que parecieran no tener voz. El Amor a esta tierra nace cuando se respira su aire cálido y uno se deja arropar por la brisa. Esta tierra es como el útero de una madre que protege a su hijo. Hay un sentido de protección que envuelve la vida de cada quien. De cada quien que haya nacido aquí.

Y digo parecieran porque cada una de las referencias particulares y singulares tienen un mundo de referencias cotidianas que se trasladan de un pasado cercano, se posesionan en un presente lleno de olores y recuerdos y garantizan un tránsito a lo inexistente que sin discusión alguna desde la perspectiva del presente promete mucho futuro.

Con el tiempo uno conoce a su gente, nada como conocer su gente que son muchos y uno a la vez, sin embargo, leyendo en ese libro de vida y recreando su temporalidad he encontrado un bastión para la darle una tregua a los quebrantos. En otras palabras todo existe y cada jalón en el tiempo es obra del Hombre y su tiempo.


Olores y sabores


Pero bien, el caso es que hay una frase muy autentica –para mí- de construir un mundo oliendo y clasificando olores, asociado a texturas y sabores que me llevo a un viaje no muy alejado de los fogones, de la simple y poca vistosa cocina llanera.

Pues bien, cuando hago referencia a esos platos simples, lo hago honrando a una leguminosa muy poca ponderada en la cocina y poco considerada en algunas regiones de nuestro país por su simplicidad, me refiero al Frijol…pero al frijol bayo, tanto de mata como de bejuco tal como se cultiva todavía en nuestras pequeñas dehesas. Así como se cultiva en Los Altos

En esto hay mucho que decir, mucho que contar y quizás mucho que recrear. Pero si quisiera pudiéramos compartir vivencias que nos lleven en un viaje a recorrer esa temporalidad que arriba le he mencionado No puedo negarlo y menos a usted ..Soy un campesino Universal que me gusta mucho ensayar todos los días ese mundo de sabores, olores y texturas que se producen en ese pequeño laboratorio en que se ha constituido nuestros modestos fogones llaneros.

Y esta pequeña recreación del pasado me hace vivo los recuerdos de una maravillosa familia muy del campo, muy bondadosas de impresionante calidad humana que en sus rústicos fogones preparaban unos platos simples que al conjugarse en el paladar producían una impresionante mezcla de sabores y texturas. Naturalmente en aquellos días los arcanos de esa cocina simple estaban negados a mis métodos de interrogar la realidad.

3 comentarios:

  1. Hay cosas que valen la pena,ciertas personas,determinados momentos con sus espacios y tiempos...Los olores arraigados y estigmatizados en nuestra memoria...Lo que nuestro corazón recibió a gusto...Pasear con la familia,los amigos...Los que se fueron...Ciertas canciones con sus músicas mágicas..Instantes que por más que quisiéramos,no regresarán...

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  2. Evocar compañero es la palabra, usted me la refirió y humildemente le envió algo que recordé y lo pinte con estas palabras:
    ...........Con un toque de paciencia espero que salga el sol, para visualizar en general un sistema abierto con fronteras permeables, sorprendiéndome las sutiles caricias del viento en la cara, impregnando todo el lugar de aromas con olor a campo, mastranto y miel, acompañada por un concierto de flauta, interpretada por la brisa cuando rozaba con los tallos del bambú, también la llegada de los rayos del sol, me ofrecen el circulo cromático en las flores, donde los colores que resaltan son los morados del mastranto, los rojos, amarillos y blancos del cariaquito, pero percibo que no están solas, pues atienden todas las mañanas a las vistosas mariposas, que lucen sus trajes aterciopelados, confeccionados por hadas matemáticas, expertas en geometría y autosimilitud, pero de repente llama mi atención, una dinámica ardilla que se dirige a los entre telones de troncos enramados, develándose ante mis ojos, los Morros de San Juan, embebiendo los espacios visuales con su imagen, se muestran majestuosos, altos, contrastando lo azulado y lo verdoso, al mismo tiempo que invitan al silencio de la meditación..........

    Estoy tratando compañero tratando.......
    saludos y felicitaciones

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  3. genial el fogón como pequeño laboratorio, evoque mi infancia cuando llegaba a la casita de bahareque cercada por cardones, de mi tía Antonia, allá en los gamboa en la margarita de antes, ella nos recibía con un saludo "como estan mijoooo" "cuando llegaron y cuando se van" nos decía al mismo tiempo, nosotros le pedíamos la bendición y ella inmediatamente nos ofrecía unas arepitas planas redonditas, pequeñas de maiz pelao, que ella llamaba pinto, cuando las colocaba encima del aripo que estaba en el fogón negrito de tizne y se percibía el olor a braza quemada que era tan agradable, era un espacio calientico como un nido y cuando uno soplaba la ceniza se metía por los ojos y uno salia impregnado de olor a leña quemada, llena de ceniza gris, que nosotros decíamos que era olor a campesino y de paso con la cara tiznada, como añoro esas arepitas que no volverán, mientras esto pasaba en ese "laboratorio de sabores como usted lo llama", mis hermanos le daban de comer a los chivos el corazón de la semilla del mango seca, mi tía nos enseño a abrirlas por los lados y los chivos nos perseguían en busca de alimento, como nos reíamos, también ella nos calentaba el café en una taza de peltre mediana,que aroma y que sabor tenia ese café, y que divino era comer pinto y tomar café en taparita, que bellos recuerdos....yo me declaro "india planetaria" porque le confieso que aveces me coloco en la cara rayitas de ceniza o me coloco onoto, porque lo hago no lo se, pero me encanta me siento libre............ gracias por el recuerdo

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