martes, 23 de noviembre de 2010

UNA MIRADA PARA MÉRIDA


  
Mérida  es una ciudad que uno pueda darle varias miradas. Se puede mirar desde el norte, cuando desciende de los páramos y el aire frio le entumece el cuerpo y le libera el alma. Pero cuando la mira desde el sur, su calidez y humedad lo deja a uno sin aliento.

Por el norte, cuando uno baja por los pueblos andinos en cada uno de ellos, encuentra que la bruma le acaricia la cara y le corta la respiración. Es como detener el tiempo y asombrarse  por cada instante de vida que brota en el páramo. Es como ver correr una gota de roció por la aterciopelada hoja de un frailejón. Con un poco de paciencia uno puede ver como el  serpenteante camino es como pasearse por el cuerpo de una mujer, uno se desliza suavemente, sin mucha prisa

Y la imaginación se vuelva fabula y trasmuta realidades en sueños. Por un lado, se puede mirar desde los picos y son como prominentes senos  de la mujer amada y su descenso produce vértigo. En ese transitar la brisa arrastra sus aromas y sus fragancias y cada  porción de tierra grisácea deja traspirar su esencia y su vitalidad.


Y si es por el sur,  se puede recorrer todo su cuerpo siguiendo sus aromas. Pero es como   el café. Se pueden recorrer en cuerpo entero por sus aromas, unas veces y por sus fragancias otras.  Pues  los aromas del café se despliegan únicamente bajo el efecto del calor, durante la torrefacción y así pasa cuando uno entra por el sur. Es  Un fenómeno complejo de mutaciones entre proteínas, ácidos e hidratos de carbono que provoca la emanación de muchísimos aromas.  Se pueden contar hasta un millar de compuestos aromáticos diferentes en el cuerpo de Mérida y su gente.


Pero también, es a ratos beata y a  ratos lujuriosa. Pues así es Mérida, es intima. Es en esencia como una mujer. Durante el día la ciudad y su gente  se dedican a hacer obras de caridad y se aleja de los placeres mundanos; pero apenas llega la noche Mérida ofrece  una lujuria de aromas y sonidos exóticos para el visitante y se hace cómplice de los avatares de la noche. Así es Mérida.

jueves, 5 de agosto de 2010

OLORES Y SABORES

Un paseo por Los Altos


Los Altos es uno de esos sitios que uno no quisiera olvidar. Uno camina por una larga trocha de granzón trillada por el paso del tiempo y la gente. Se encuentra con un sitio en un alto, -de allí su nombre-, pero es más que eso, es un sitio lleno de magia, bien porque tiene un tiempo tan yermo que su tierra cruje cuando uno camina por los terronales o bien deja que la planta del pie se sumerja suavente y a veces da la sensación de quererlo atrapar.

En verano, que aquí se llama la estación seca, casi toda su flora pequeña pierde las hojas y quedan los arbustos espinosos desnudos a la espera de alguna gota de rocío. Y en invierno, que de verdad son inviernos, todos los arboles se visten y es impresionante la policromía de colores que la naturaleza forma. Es impresionante ver los Apamates, Cedros, Robles, Cujíes, vestidos para la vida

Hay una casa, de bahareque, madera y techo de zinc, sus puertas de madera con una pequeña aldaba que detiene la mirada del extraño. Parece un rectángulo, en uno de sus extremos las piezas se distinguen entre las de las mujeres de la casa y en el otro las piezas de los muchachos. El olor del barro y la madera mezclados con la vitalidad de la gente le dan una intimidad muy personal. No hay un solo rincón que no esté impregnado de olores, de sabores, de risas, de llantos, de recuerdos, de sueños, de soñar despierto, de conversaciones, de chanzas y de oír cada cuento, de oír cada vida.

En otro lado, pero muy cerca, desde un chinchorro se puede ver la cocina, realmente es un fogón, con sus paredes de barro, techo de palma, una pequeña troja, un gran mesón de barro y dos juegos de topias. Si alguien busca el fuego eterno, aquí lo encontrará, nunca se apaga y siempre es el rincón más cálido de Los Altos, no por el fuego, sino por las cosas que allí suceden. Sobre el budare gira la vida de los fogones en el llano. No hay invento de tal magnificencia por su simplicidad y que de tanta buenaventuras como el budare, por allí pasan las arepas, tan redondas y esponjosas que nunca dejan de acompañar, bien sea en la mañana o al mediodía una buena comida llanera

En el corral vacas y becerros, en la troja maíz y frijol, en la majada, topocho y yuca, en el patio gallinas y pollos. Una mirada de lejos lo que deja es vida, la vida intima de la tierra y su gente. Ese ir y venir

Amor a la tierra y su gente


Es una tierra hecha para los amores. Si, para los amores de la tierra. Uno se enamora de ella y de su gente. He quedado muy impresionado no tanto por la imagen que permite recrear situaciones muy particulares, sino por lo poderoso que resulta estimular en otros la reconstrucción de su pequeña historia Es decir aquellas pequeñas cosas que parecieran no tener voz. El Amor a esta tierra nace cuando se respira su aire cálido y uno se deja arropar por la brisa. Esta tierra es como el útero de una madre que protege a su hijo. Hay un sentido de protección que envuelve la vida de cada quien. De cada quien que haya nacido aquí.

Y digo parecieran porque cada una de las referencias particulares y singulares tienen un mundo de referencias cotidianas que se trasladan de un pasado cercano, se posesionan en un presente lleno de olores y recuerdos y garantizan un tránsito a lo inexistente que sin discusión alguna desde la perspectiva del presente promete mucho futuro.

Con el tiempo uno conoce a su gente, nada como conocer su gente que son muchos y uno a la vez, sin embargo, leyendo en ese libro de vida y recreando su temporalidad he encontrado un bastión para la darle una tregua a los quebrantos. En otras palabras todo existe y cada jalón en el tiempo es obra del Hombre y su tiempo.


Olores y sabores


Pero bien, el caso es que hay una frase muy autentica –para mí- de construir un mundo oliendo y clasificando olores, asociado a texturas y sabores que me llevo a un viaje no muy alejado de los fogones, de la simple y poca vistosa cocina llanera.

Pues bien, cuando hago referencia a esos platos simples, lo hago honrando a una leguminosa muy poca ponderada en la cocina y poco considerada en algunas regiones de nuestro país por su simplicidad, me refiero al Frijol…pero al frijol bayo, tanto de mata como de bejuco tal como se cultiva todavía en nuestras pequeñas dehesas. Así como se cultiva en Los Altos

En esto hay mucho que decir, mucho que contar y quizás mucho que recrear. Pero si quisiera pudiéramos compartir vivencias que nos lleven en un viaje a recorrer esa temporalidad que arriba le he mencionado No puedo negarlo y menos a usted ..Soy un campesino Universal que me gusta mucho ensayar todos los días ese mundo de sabores, olores y texturas que se producen en ese pequeño laboratorio en que se ha constituido nuestros modestos fogones llaneros.

Y esta pequeña recreación del pasado me hace vivo los recuerdos de una maravillosa familia muy del campo, muy bondadosas de impresionante calidad humana que en sus rústicos fogones preparaban unos platos simples que al conjugarse en el paladar producían una impresionante mezcla de sabores y texturas. Naturalmente en aquellos días los arcanos de esa cocina simple estaban negados a mis métodos de interrogar la realidad.

AROMAS Y FRAGANCIAS